Triste, silencioso,
despreocupado, así me describe quien me ve al pasar, pero no saben el porqué de
mi pesar, de la carga que arrastro conmigo a donde voy...
Llevo un sufrimiento tan
hondo como la herida que se abrió en mi interior, no por un arma, no por una
enfermedad, sufro de algo peor…
No sufro por el dinero, al
fin y al cabo nunca he tenido lo suficiente como para sufrir por su perdida y
sus encantos.
Mucho menos se aflige mi
alma por las libertades del cuerpo, he disfrutado una y cada una, y por ello me
siento completo.
Pero si sufro por el más
simple y banal de los sentimientos, aquel que es tan poderoso, pero tan usado
que nadie le importa dejarle abandonado, para retomarlo luego de nuevo y morir
a su lado….
Algunos creerán que es el
amor, y de hecho en algún momento lo fue, pero este sentimiento ya no lo es, se
transformó primero en pasión y luego en desilusión, y ahora en su último grado
se ha convertido en un ser incontrolable, y superior.
Porque cuando las cosas se
salen de control, y la traición media entre dos fuerzas, no más que sentir un
odio profundo por aquel que tanto amabas, que tanto sentías, y que ahora no
puedes mirar a los ojos sin ver su alma y saber que aun siente algo por ti,
pero que ya nada es igual, todo cambio para convertirse en un mal que acecha a
tus espaldas y no se ira hasta que alguno de los dos se vea consumado frente al
descanso y lágrimas del otro.
El descanso mismo es la
muerte o la lejanía, ya que el odio no se apaga con lágrimas, besos o perdones,
antes se aviva con la sola presencia de ese ser que amaste, que sentiste, que
soñaste, aquel por el cual diste la vida y ahora quieres su vida…
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