Saliendo de regreso a casa, la ciudad se aleja, se hace pequeña, enmudece,
se vuelve recuerdo y al final dejo de pensar en ella….
Que silencio el que ronda el
camino, es posible que en él me pierda, pues no se a donde me lleva, mi mente está
en blanco, mis ojos cubiertos de niebla.
Qué gran tormenta la que se acerca a través de las montañas, mi oído capta su furia incesante, trato de resguardarme,
pero encima mío ya esta, me cubre y me baña en infinita gloria hecha gotas de
agua.
Siento mis pies sonar contra las piedras, mis manos rozan la vegetación,
dulces pájaros revuelan alrededor al sentir mi presencia, alzo mi sombrero para
poder verlos mejor.
Un suave olor se eleva desde
lo lejos, lo puedo notar, estoy llegando, a donde, no lo sé, pero me es
familiar, la comida está preparada para mi, mil y un delicias he de probar, no
veo la hora de descansar, de dejar de caminar.
Me hundo en una cama hecha
de roble mágico cortado, de los padres naturaleza un profundo sueño se adueña
de mi ser, y empiezo a ver una nueva realidad, a sentir otra sensación de la
que no quiero escapar, tal vez ese sueño sea mi verdadera realidad.
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