El tiempo
pasa sin límites frente a ti, tu corazón no quiere detenerse y sabes que es el
fin.
Estas solo y
no sabes a quien seguir, la luna empieza a aparecer en el horizonte
nocturno de tu soledad, definiendo así los límites entre los cobardes y
aquellos valientes que alguna vez decidieron partir sin derecho a volver al
lado de quienes han de amar por siempre jamás.
Quieres
gritar, pero no puedes, tu misma cobardía te lo impide…
El cielo se
torna cada vez más oscuro y tu única defensa es esconderte en cualquier agujero,
Te detienes
simplemente a esperar que vaya a ser de ti en el momento final, si algún
milagro celestial te podrá salvar.
Es hora de
correr, pero tu cuerpo no te lo permite, eres presa una vez más de tus miedos...
Tu enemigo está
frente de ti, y lo único que puedes hacer es sudar, que iluso eres si crees que
escaparas, no ves que es hora de ¡pelear!
Si no has de
combatir, entonces muere al fin, la tierra necesita sangre para poder vivir,
sea tuya o de otra pobre alma que no fue preparada para sobrevivir, tú decides
si serás presa fácil de aquel juego macabro que nos toca vivir, quien eres tú,
predador que caza camuflado en la espesa niebla esperando el momento oportuno o
presa que se esconde detrás de una piedra a esperar que la salvación baje
convertida en paloma.
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